Mortal Kombat II — fatalities, fan service y combos que a veces no conectan
La nueva Mortal Kombat II
llega como ese amigo que promete haberse aprendido todos los combos… y
efectivamente lo hizo, pero sigue saltándose las escenas de historia
para ir directo a repartir patadas voladoras. Y sí, eso puede ser algo
bueno… o un combo roto imposible de defender.
La película por fin entiende que la saga necesita sangre, torneo y personajes clásicos haciendo locuras dignas de arcade. Otros creen que el resultado sigue siendo un caos narrativo lleno de diálogos tan tiesos como una animación de PS1.
La gran mejora es que esta vez sí se siente como un verdadero Mortal Kombat. El torneo tiene protagonismo, aparecen fatalities mucho más brutales y la película abraza el fan service sin vergüenza.
Karl Urban como Johnny Cage parece ser el personaje que más divide a la audiencia.
Algunos lo aman porque aporta energía de estrella ochentera pasada de
ego, casi como si mezclaran a Jean-Claude Van Damme con Deadpool después
de tomarse tres energéticas. Otros dicen que el humor no siempre funciona y que termina atrapado en un guion que intenta ser gracioso cada treinta segundos.
Lo curioso es que la película termina cayendo en el mismo destino de muchos juegos de pelea: cuando los personajes hablan demasiado, uno solo quiere apretar Start para ir al siguiente combate.
Las peleas son lo mejor de la cinta, especialmente cuando deja de
fingir que tiene profundidad emocional y simplemente se convierte en un
festival de huesos rotos, sangre digital y movimientos especiales.
Y
ahí está el verdadero corazón ñoño de esta secuela. Porque Mortal
Kombat sigue siendo recordada con cariño justamente por entender algo
esencial: esto nunca fue Shakespeare con ninjas. Era un torneo imposible, música electrónica noventera y gente gritándose nombres antes de lanzarse fuego por las manos. La nueva película intenta capturar esa misma energía arcade, aunque a ratos parece más preocupada de mostrar personajes desbloqueables que de construir algo coherente.
¿Entonces funciona?
Si eres fan del videojuego, probablemente sí.
Tiene referencias, violencia exagerada, escenarios imposibles y
suficientes guiños como para hacer sonreír a cualquiera que alguna vez
perdió una tarde entera intentando sacar un fatality con una revista de
trucos al lado. Pero si buscas una gran película de acción con narrativa
sólida… quizá termines sintiendo que viste una cinemática larguísima
entre peleas.
En
resumen: Mortal Kombat II no siempre logra un “Flawless Victory”… pero
tampoco es un “Friendship”. Es más bien un combate caótico, sangriento y
absurdamente entretenido por momentos. Como los videojuegos originales:
desordenados, exagerados y orgullosos de serlo.