Cuando parecía que la franquicia de The Exorcist estaba más poseída por decisiones dudosas que por el mismísimo Pazuzu, aparece el director y guionista Mike Flanagan como ese sacerdote narrativo que llega a hacer limpieza… pero con trauma emocional incluido.
Sí, esto va en serio. Después del tropiezo que significó The Exorcist: Believer,
el estudio decidió hacer algo radical: borrar el pizarrón y empezar de
nuevo. Nada de secuelas forzadas ni universos compartidos armados con
cinta adhesiva. Lo que viene es una historia completamente nueva dentro del mundo de The Exorcist, pero con otro enfoque, otro tono… y probablemente, otros demonios más internos que externos.
Y aquí es donde el asunto se pone sabrosamente oscuro.
El clásico original de William Friedkin no solo definió el terror moderno, también convirtió el exorcismo en algo visceral, incómodo y profundamente espiritual. Luego vino Exorcist II: The Heretic, que tomó un camino más experimental… y digamos que dejó a más de uno rezando, pero por otras razones. Años después, The Exorcist III recuperó parte del respeto perdido con un tono más psicológico y oscuro, convirtiéndose en joyita de culto.
Después la saga se puso rara: precuelas como Exorcist: The Beginning y Dominion: Prequel to the Exorcist intentaron expandir el origen del mal…
con resultados bastante dispares. Y finalmente llegó Believer, que
prometía relanzar todo… pero terminó generando más dudas que posesiones
memorables.
En resumen: una montaña rusa donde el demonio a veces daba miedo… y otras veces daba vergüenza ajena.
Porque
si algo hizo grande al clásico del 73 no fue solo la niña girando la
cabeza como ventilador poseído, sino el conflicto espiritual, la crisis
de fe, el terror de no entender qué está pasando. Y Flanagan vive para
ese tipo de historias. Si hay alguien capaz de devolverte esa sensación de “esto no debería estar pasando”, es él.
Se
habla de una reinterpretación radical, más adulta, más densa, más
incómoda. En otras palabras, menos jumpscares… y más noches mirando al
techo cuestionando tu existencia. Hermoso.
Flanagan no es precisamente el tipo de director que te lanza sustos baratos cada cinco minutos. Su terror se cocina a fuego lento, como ya vimos en The Haunting of Hill House, Midnight Mass o incluso en Doctor Sleep.
Lo suyo es meterse en la cabeza de los personajes, revolverles la fe,
la culpa y los traumas… y recién ahí, cuando ya estás incómodo, te
suelta el golpe.
Por eso su llegada a The Exorcist no solo tiene sentido… tiene potencial de ser brutal.
Y ojo con el elenco, porque aquí no están jugando: nombres como Scarlett Johansson, Chiwetel Ejiofor, Diane Lane y Laurence Fishburne
elevan automáticamente el proyecto a terror de prestigio. No es solo
gritar y levitar: aquí hay actores que te pueden vender una crisis de fe
con una mirada.
¿La mejor parte?
Flanagan ha dejado caer que quiere hacer la película más aterradora de
su carrera. Y considerando que este señor ya nos dejó episodios que te
hacen revisar dos veces el pasillo de tu casa… no es una promesa menor.
Así
que sí, el exorcismo vuelve. Pero no como espectáculo vacío, sino como
experiencia emocional, espiritual y probablemente perturbadora. Una
especie de terapia… pero con demonios.
Y honestamente, ya era hora.
Su estreno en cines está programado para el 12 de marzo de 2027.