CRITICA: final The Boys

Mr. Ñoño 2026-05-22 2


El final de The Boys deja una sensación extraña. De esas que mezclan cariño genuino por una serie que amaste durante años… con la frustración inevitable de sentir que el cierre pudo ser muchísimo mejor.

Y quizás eso es lo que más duele.

Porque cuesta encontrar otra serie reciente que haya sido tan salvajemente entretenida temporada tras temporada. The Boys logró algo que parecía imposible: tomar el concepto de superhéroes y destrozarlo con una motosierra llena de sátira política, humor negro, violencia absurda y personajes completamente rotos. Mientras otras producciones seguían jugando a los héroes perfectos, acá aparecía Homelander demostrando que Superman con trauma psicológico y ego de celebridad podía ser una de las criaturas más aterradoras de la televisión moderna.

Y durante años funcionó perfecto.
Las mejores temporadas de la serie eran un caos glorioso. Cada episodio tenía momentos incómodos, diálogos brutales y escenas tan exageradas que parecían sacadas de un cómic prohibido escondido detrás de una tienda geek. Billy Butcher se convirtió en uno de esos personajes imposibles de olvidar, mientras Hughie Campbell funcionaba como el espectador atrapado dentro de un universo donde absolutamente nadie estaba bien de la cabeza.


Por eso el final termina pegando raro.
No porque sea terrible. No porque pierda la esencia. La sangre sigue corriendo como si alguien hubiera reventado una piñata llena de órganos internos, los insultos continúan disparándose cada treinta segundos y la sátira sigue atacando políticos, corporaciones y fanáticos tóxicos con una sonrisa enferma en la cara.
El problema es que todo se siente demasiado apresurado.
La temporada avanza tan rápido que varios momentos importantes apenas alcanzan a respirar. Personajes que llevaban años construyendo historias complejas quedan algo desperdiciados. Frenchie y Kimiko merecían muchísimo más desarrollo en el cierre, mientras que Starlight parecía preparada para un desenlace gigantesco que nunca termina explotando del todo.
Incluso Hughie, que siempre fue el corazón emocional de la serie, queda algo perdido entre tanto caos. Y eso duele, porque gran parte del viaje de The Boys funcionaba precisamente gracias a verlo sobrevivir psicológicamente en medio de un mundo cada vez más enfermo.





Y claro… después está la gran batalla final.
Tras temporadas enteras construyendo el conflicto entre Homelander y Butcher, muchos esperábamos un evento televisivo gigante, algo digno de quedar grabado junto a las peleas más icónicas de la cultura pop moderna. Pero el enfrentamiento termina sintiéndose más pequeño de lo esperado. Tiene momentos intensos, sí, pero nunca alcanza esa escala verdaderamente legendaria que prometía.
Y lo más curioso es que esto ya está pasando con varias series modernas. Game of Thrones dejó una herida colectiva con su cierre apresurado. The Umbrella Academy perdió parte de su fuerza emocional en sus últimos episodios. Y hasta Stranger Things —una de las series más queridas de la última década— terminó dejando a muchos fans con sensación amarga, especialmente por decisiones apresuradas y un cierre que para varios nunca alcanzó el nivel emocional y épico que prometían sus mejores temporadas.

Y ahora The Boys entra un poco en esa conversación incómoda de series espectaculares que simplemente no lograron aterrizar con toda la fuerza que prometían.






Aun así, el cariño por la serie sigue intacto.
Porque incluso en sus momentos más débiles, The Boys nunca dejó de sentirse diferente. Nunca dejó de ser incómoda, brutal, vulgar y peligrosamente entretenida. Y quizás por eso decepciona un poco más: porque cuando una serie es tan buena durante tanto tiempo, uno no espera solo un final correcto.

Uno espera un final inolvidable.