Drew Struzan: el pincel que soñó nuestras películas….. y vinilos.
Cuando pequeño, me recuerdo anonadado mirando las galerías de los cines de aquellos años en Santiago, cuando Santiago bullía con grandes cines, cada uno en una lucha por tener las mejores taquillas en sus "hall" de entrada. Sin duda, los menores de 30 años no tienen idea de lo que estoy hablando. Eran otros tiempos.
Con mis compañeros, después de clases, obviamente - no vayan a pensar que hacíamos la “cimarra” o “la chancha” para colarnos al cine (literalmente. No pagábamos entrada) – pasábamos horas mirando los “posters” de las películas que los cines ponían en sus escaparates. Eran maravillosos. Pintados con precisión, perfección y, mas importante aún: nos hacían soñar con ese mundo fantástico contenido en las películas.
Drew Struzan con algunas de sus obras
¿Coleccionábamos
esos “posters”? Claro que si!!. Pero no como ahora, usando
“screensavers”, guardando los JPG, PNG o WEBP en nuestros
computadores o “phones”. Los recortábamos de los diarios. Si,
aunque no lo crean. Los diarios tenían sus revistas de cine en que
publicaban los avisos publicitarios de los cines. Era generalmente
los días viernes. Recortábamos los “posters” que ahí salían y
los guardábamos. Aún tengo mi colección de recortes, en papel de
diario y en blanco y negro.
Quien nos dio esas pinturas de fantasía , cuadros que nos hacían soñar con ver la película y, una vez vista, nos permitían recordar cada detalle fue Drew Struzan, el pintor que soñó el cine.
Como les contaba, en una época en que los afiches de cine eran ventanas al asombro, Drew Struzan fue su arquitecto silencioso. Nacido en 1947 en Oregon City, Struzan redefinió la manera en que imaginamos las películas incluso antes de verlas.
Carteles dibujados por Struzan
Su trazo, mezcla de realismo y lirismo, se convirtió en un sello inconfundible: héroes bañados por luz cálida, rostros que parecen respirar, y composiciones donde el color y la nostalgia cuentan tanto como el título del filme.
Struzan comenzó su carrera en los años setenta ilustrando portadas de discos —trabajó para Alice Cooper y The Beach Boys—, pero su destino se selló cuando George Lucas le encargó el póster de Star Wars.
A partir de ahí, su pincel acompañó la iconografía de toda una generación: Indiana Jones, E.T., Regreso al Futuro, Blade Runner, The Thing, Harry Potter... Si hubo una aventura que definió el imaginario del cine moderno, probablemente pasó por sus lápices, pinceles y sus aerógrafos.
Bocetos de Blade Runner
Más que un ilustrador, Struzan fue un narrador. Cada uno de sus afiches encapsula la emoción central de la película: el asombro de descubrir, el vértigo de la acción, la ternura de lo imposible. En un tiempo anterior al Photoshop, lograba lo que muchos fotógrafos envidiaban: hacer que el mito se sintiera humano y que la realidad pareciera un sueño.
Con la llegada del diseño digital, Hollywood se alejó de la ilustración pintada. Struzan, fiel a su arte, se retiró discretamente, aunque su legado sigue vivo en el inconsciente visual del público. Sus obras hoy cuelgan en museos, colecciones privadas y, sobre todo, en la memoria de quienes crecieron creyendo que el cine era una aventura pintada a mano.
