Critica: The Super Mario Galaxy Movie

Mr. Ñoño 2026-04-01 2


The Super Mario Galaxy Movie: mucho brillo, poco corazón (y eso duele más de lo que debería)


Hay algo medio incómodo en salir de The Super Mario Galaxy Movie y no saber si lo pasaste bien… o si solo estuviste mirando luces bonitas durante dos horas. Porque sí, es un espectáculo. Pero también, curiosamente, se siente vacío.

Venimos de The Super Mario Bros. Movie, que ya jugaba fuerte la carta de la nostalgia, pero al menos tenía una energía contagiosa, casi imposible de resistir. Acá, en cambio, todo es más grande, más rápido, más ruidoso… pero no necesariamente mejor.

La animación de Illumination sigue siendo un acierto total. Es vibrante, dinámica, llena de detalles que hacen que cada planeta se sienta como un nivel desbloqueado de Super Mario Galaxy. Visualmente, no hay mucho que reclamarle. De hecho, hay momentos en que uno quisiera pausar la película y quedarse a vivir ahí, flotando entre colores imposibles.


Y el elenco de voces… funciona, pero con matices interesantes.

Chris Pratt vuelve como Mario con soltura, Charlie Day mantiene a Luigi en ese caos entrañable, Anya Taylor-Joy sigue firme como Peach, y Jack Black como Bowser sigue siendo, sin discusión, uno de los puntos más sólidos de toda la saga.

Pero curiosamente, las nuevas incorporaciones son las que terminan levantando la película.

El Bowser Jr. de Benny Safdie encaja de forma sorprendentemente natural junto al Bowser de Jack Black, logrando una dinámica que se siente fresca sin romper lo que ya funcionaba. Y eso no es menor, considerando el talento desbordante de Black como actor de voz.
Por su parte, el Yoshi de Donald Glover es pura ternura. Funciona, encanta… pero queda relegado a un segundo plano que sabe a poco. Como si la película misma no supiera cuánto jugo podía sacarle.


Después aparece Glen Powell como Fox McCloud, y de pronto todo se pone interesante. Su introducción, con una vibra descarada al estilo Han Solo, es fácilmente uno de los momentos más memorables. Llega, se roba la escena… y deja claro que hay personajes que merecían más espacio.
Y luego está Rosalina. O más bien, su ausencia disfrazada de cameo. Porque sí, Brie Larson le pone cariño, se nota que hay amor por el material original… pero su participación es tan pequeña que duele un poco. Especialmente considerando el peso emocional que podría haber aportado.

Pero ahí está el problema de fondo: cuando la película intenta ser algo más, no se lo permite a sí misma.



Hay una historia con potencial, momentos donde parece que va a detenerse, respirar, construir algo con mayor peso emocional… y justo ahí, entra otra secuencia de acción. Y luego otra. Y otra.
La necesidad constante de añadir espectáculo cada vez que la narrativa asoma la cabeza termina jugando en contra. Lo que podría haber sido una evolución natural del universo Mario, termina sintiéndose como una cinta de animación más, correcta, vistosa… pero sin alma.

La película avanza con fluidez, sí, pero una fluidez superficial. Todo pasa rápido, demasiado rápido, como si tuviera miedo de aburrirnos un segundo. Y en ese miedo, se olvida de algo clave: dejarnos sentir.

Porque cuando todo es estímulo, nada realmente se queda.

Al final, lo que queda es una experiencia contradictoria. Sabes que hay talento, sabes que hay cariño… pero también se siente una obsesión por mantener la atención a toda costa. Y eso, irónicamente, le quita impacto.




Muchos la van a disfrutar, sin duda. Es vistosa, reconocible, fácil de digerir.
Pero para quienes esperaban algo más —algo con un poquito más de gravedad emocional en medio de tanta galaxia— la sensación es de oportunidad perdida.

Porque a veces, incluso en el espacio, no todo lo que brilla logra quedarse contigo.