Street Fighter: cuando el combo se te cae a mitad de la pantalla

Mr. Ñoño 2026-10-19 2


Crónica ñoña desde la fila del cine, con los pulgares todavía adoloridos



Entré a la sala con la energía de quien mete una ficha en la máquina del barrio: sabiendo que probablemente iba a perder. El director Kitao Sakurai se zambulle en un barril de nostalgia noventera, con música de CD. Pero ojo, los 90 que muestra se sienten un poco fuera de lugar, como si los miraras a través de los ojos de alguien que en realidad no estuvo ahí. Es el Street Fighter de Van Damme contado por un primo que solo escuchó las historias. Y pensar que la cosa iba a ser muy distinta. La película iba a estar dirigida originalmente por los hermanos Danny y Michael Philippou, los aclamados australianos detrás del éxito de terror Háblame (Talk to Me), pero tuvieron que abandonar el proyecto de forma amistosa por conflictos de agenda. Es inevitable preguntarse qué habría pasado si los tipos que nos hicieron temerle a una mano embalsamada hubieran tomado el control del joystick. Quizás tendríamos un Street Fighter con más garra, o quizás otro tipo de caos. Nunca lo sabremos, y esa es la clase de duda que te deja pensando en la sala como un Continue? sin monedas.





Y aquí viene mi confesión de fan: lo mejor de la película son los flashbacks dibujados a mano. Esa versión anime, cautivadora y llena de alma, es lo que uno quería ver desde el minuto uno. Cada vez que aparece, la película respira, y cada vez que se apaga, uno piensa que el plato fuerte se quedó en la cocina.
Se nota el cariño por Street Fighter II: La película animada (que, pese al nombre, no es una secuela), con guiños y hasta algún diálogo retro que me sacó una sonrisa de fanático. Ese servicio a los fans es impecable, pero también deja escenas incómodas que quedan colgadas, como un Hurricane Kick a medias.

Porque seamos honestos: es entretenida pero desarticulada. El guion es un desastre, los personajes son unidimensionales y el montaje es atroz, como si lo hubiera editado alguien en pleno combo sin dormir. El ritmo es pésimo: todo se siente apresurado y aun así dura demasiado, que ya es un logro digno de jefe final. Las peleas son perezosas y están bañadas de CGI, y hay un duelo entre Guile y Vega que pasa fuera de cámara, como si al presupuesto se le hubieran acabado las monedas. Es como ir a un sushi y que te sirvan solo el wasabi.





Aun así, hay entretenimiento genuino, sobre todo cuando la cámara se acuerda de Ryu y Ken. Andrew Koji y Noah Centineo sostienen el corazón de la película con esa hermandad de monje errante y rubio engreído.

David Dastmalchian claramente se la pasa en grande y lo da todo, y Cody Rhodes, en su tiempo limitado, flexiona sus dotes cómicas con tanta gracia que no me extrañaría ver a otro luchador de la WWE bajando por esa tubería hacia la actuación. Ojalá hubiera más de eso y menos del humor estilo Marvel, que se repite hasta el cansancio, y de un par de decisiones de casting que levantan más cejas que un Shoryuken bien conectado. Chun-Li, por cierto, aparece con la dignidad de quien sabe que sus patadas merecían más metraje.





Conclusión: Game Over...
Como fan de los videojuegos, me duele. Crecí gastando monedas en la máquina del barrio, aprendiendo que un Hadouken bien medido podía cambiar el destino de una tarde, y me habría encantado que esta película honrara esa magia con peleas de verdad, con el peso de cada golpe y la épica de un torneo que se sienta. En cambio, recibí un montón de ideas sueltas, mucho CGI y una nostalgia que se queda en la superficie, como un skin bonito sobre un juego roto.
Como crítico, el veredicto es más seco: es una mala película. El guion no sabe qué quiere ser, el montaje parece una pelea sin árbitro y el ritmo te pasa por encima como un Spinning Bird Kick mal calculado. Se salva por momentos de estilo, por la dupla de Ryu y Ken y por unos flashbacks animados que merecían ser la película entera, pero eso no alcanza para taparle los huecos. Lo más triste es que uno ve de cerca lo que pudo haber sido, y esa es la derrota que más duele.



Mi consejo ñoño: si eres fan del juego, vela con amigos, con humor y sin expectativas, y quédate con las partes buenas como quien guarda las mejores jugadas de una partida perdida. Y si tienes que elegir entre esto y volver a pasarte el Street Fighter II con tu mejor amigo, ya sabes cuál es el verdadero KO. Insert coin to try again.