Los multiversos más raros de la cultura pop (desde cómics hasta sitcoms)
Si necesitabas una prueba de que el multiverso ya se comió absolutamente todo, ahí está Stuart Fails to Save the Universe, el flamante spin-off directo de The Big Bang Theory estrenado en HBO Max: el dueño de la tienda de cómics rompe un aparato de Sheldon y Leonard, desata un Armagedón multiversal y pasa diez episodios chocando con versiones alternativas de gente que ya conocíamos — spoiler del título: no le va bien. Que una sitcom sobre físicos socialmente torpes haya terminado convertida en aventura interdimensional dice todo sobre lo que el multiverso se volvió: la excusa narrativa que ya nadie se puede resistir a usar.
Y ojo que esto no es nuevo. Hay un momento en la vida de todo friki en que entiende una verdad incómoda: no existe una sola realidad, existen infinitas, y la mayoría de ellas son ridículas. Vivimos obsesionados con el multiverso como si Marvel lo hubiera inventado ayer, pero la verdad es que el concepto lleva décadas mutando en direcciones cada vez más absurdas — desde universos enteros hechos de cerdos hasta finales de sitcom que te hacen cuestionar si alguna vez viste algo real. Serví mi café, respiré hondo y me metí a bucear por las variantes más raras que ha parido la ficción. Esto es lo que encontré.

Empecemos por lo obvio y lo que se puso todavía más raro: el multiverso de Marvel. Todos conocemos Tierra-616, pero la editorial lleva décadas coleccionando realidades alternativas como quien junta figuritas: está Tierra-8311, mejor conocida como el universo de Spider-Ham, donde todo el elenco de Marvel es una versión animal — sí, hay un Wolverine tejón. Y no, no es una parodia de un día: tiene décadas de cómics propios y hasta un lugar de honor en Spider-Man: Un Nuevo Universo. Si un cerdo con máscara de araña no te convence de que el multiverso perdió el control hace rato, no sé qué lo hará.
Del lado de DC la cosa se puso filosóficamente incómoda con el Universo Bizarro. Un planeta cúbico habitado por versiones invertidas de los héroes, donde lo feo es bello, lo malo es bueno y Bizarro-Superman destruye en lugar de salvar por pura lógica retorcida. Es la clase de idea que solo podía nacer en la Edad de Plata del cómic, cuando nadie se preguntaba si algo tenía sentido, solo si era divertido dibujarlo.
Pero si de tierras raras hablamos, nada le gana a Tierra-3 y el Sindicato del Crimen, la versión donde los Siete Magníficos son villanos: Ultraman en vez de Superman, Owlman en vez de Batman, Superwoman en vez de Wonder Woman. Lo perturbador no es solo que sean malos, es lo bien que funcionan como espejo incómodo de sus contrapartes heroicas — como si DC quisiera recordarnos que el multiverso también sirve para hacernos preguntas que preferiríamos no responder.
Y ya que hablamos de espejos incómodos, hay que darle su lugar a What If…?, la franquicia que convirtió la pregunta "¿y si...?" en una máquina infinita de universos alternativos: Peggy Carter con el escudo del Capitán América, T'Challa como Star-Lord, zombis devorando a los Vengadores. Es el multiverso llevado a su forma más juguetona, la sala de juegos oficial de Marvel donde todo puede pasar porque nada tiene que cuadrar con la continuidad principal.
Si hablamos de máquinas infinitas de universos, ninguna le llega a los talones a Rick and Morty. La serie convirtió el multiverso en su chiste fundacional y su tragedia de fondo al mismo tiempo: hay un Consejo de Ricks, infinitos Mortys reemplazables, un Cronenberg-verso entero nacido de un experimento fallido, y la premisa de que si Rick muere siempre hay otro Rick dispuesto a ocupar su lugar. Es el multiverso llevado a su conclusión más nihilista — tan grande e infinito que hasta la muerte del protagonista deja de importar.
Ahora, si crees que los cómics y los dibujos animados tienen el monopolio de lo multiversal, la televisión de acción real lleva años jugando el mismo juego con menos capas y anteojos. Community le dio al concepto uno de sus momentos más queridos con la "línea temporal más oscura", nacida de un tiro de dado en "Remedial Chaos Theory": seis realidades paralelas generadas por quién baja a buscar la pizza, una de las cuales termina con Abed con bigote maligno y Britta ausente de un dedo. Es multiverso de sitcom en su forma más pura: absurdo, autoconsciente, y construido enteramente sobre una broma de guion.

Pero el multiverso más audaz — y más traicionero — de la televisión sigue siendo el final de St. Elsewhere. Después de seis temporadas de drama hospitalario serio, el último episodio reveló que toda la serie existió dentro de la imaginación de un niño autista mirando una bola de nieve. Una realidad entera, con médicos, romances y muertes, reducida a la fantasía de un solo personaje. Es tan extremo que terminó dándole nombre a un tropo — el "Universo de San Elsewhere" — usado hasta hoy para catalogar series que resultan ser el sueño, la imaginación o la ficción dentro de la ficción de alguien más.
Antes de llegar a los finales que te rompen la cabeza, hay que rendirle homenaje a los pioneros del salto dimensional en acción real. Deslizadores fue, en los noventa, la puerta de entrada de toda una generación al concepto: cuatro personas cayendo semana a semana a Tierras alternativas —una gobernada por mujeres, otra bajo peste bubónica activa, otra donde Estados Unidos perdió la Guerra Fría— con un dispositivo casero que nunca terminaba de funcionar bien. Y treinta años después, Dark Matter retomó la idea con una premisa más filosa: un físico secuestrado por versiones de sí mismo de universos paralelos, todas queriendo robarle la vida que él dio por sentada. Si Deslizadores era el multiverso como aventura de sábado por la mañana, Dark Matter es el multiverso como crisis existencial con caja fuerte cuántica incluida.

Lo que me queda claro después de este recorrido es que el multiverso nunca fue solo ciencia ficción: es la excusa perfecta que la ficción se inventó para poder tenerlo todo — al héroe y al villano, al final feliz y al trágico, la continuidad y su ruptura — sin tener que elegir. Y honestamente, mientras sigan naciendo cerdos-araña y bolas de nieve reveladoras, yo pienso seguir coleccionando cada universo raro que se cruce en mi camino.