Hay
personajes del cine que viven tranquilos en su sarcófago cultural…
hasta que alguien decide abrir la tapa y decir: “¿Y si hacemos algo
completamente distinto con esto?”. Eso es exactamente lo que ocurre con The Bride! —la reinterpretación moderna del mito nacido en Bride of Frankenstein— dirigida por Maggie Gyllenhaal.
La idea base ya es deliciosa para cualquier cinéfilo que haya crecido viendo monstruos clásicos a medianoche: el monstruo de Frankenstein
quiere dejar de ser el eterno soltero trágico del horror gótico. Para
eso recurre a la ciencia —esa misma ciencia que en el universo
Frankenstein siempre parece financiada por “decisiones cuestionables”— y
decide crear una compañera.
Así nace “La
Novia”, interpretada por Jessie Buckley. Pero aquí la historia no va de
romance trágico… va de identidad y feminismo. Porque cuando una
mujer revive de la muerte y descubre que fue creada básicamente como la
versión deluxe de una cita arreglada, la reacción lógica es: rebelarse.
Y rebelarse con estilo.
Frankenstein se muda al cine negro.
Uno
de los detalles más fascinantes de la película es su ambientación:
Chicago en los años 30. Sí, el mismo Chicago donde uno imagina a Al
Capone caminando por callejones llenos de humo mientras suena jazz en un
bar clandestino.
Ese escenario convierte la
historia en algo muy extraño y muy entretenido: una mezcla de monstruos
clásicos, cine negro y drama existencial.
El
monstruo —interpretado por Christian Bale— deja de ser solo la criatura
torpe del mito original y se transforma en una especie de figura trágica
que busca afecto en un mundo que no sabe qué hacer con él.
Y claro… cuando aparece la Novia, el plan romántico se descontrola completamente.
La sombra del cine clásico… pero con botas punk.
Todo
fan del horror clásico sabe que la Novia original del cine apareció
brevemente en Bride of Frankenstein dirigida por James Whale de 1935 .
Su escena es legendaria: cabello eléctrico, mirada aterrorizada y un
rechazo inmediato al pobre monstruo.
Fue uno de los momentos más icónicos del terror de Universal Pictures y definió la estética de la criatura para generaciones.
La versión de Gyllenhaal toma esa imagen… y la convierte en el punto de partida para algo mucho más grande.
Aquí la Novia no es un cameo de laboratorio. Es el corazón de la historia.
La película quiere preguntarse algo muy simple pero potente:
¿Qué pasa cuando el personaje que siempre fue un símbolo… finalmente tiene voz?
Un experimento cinematográfico
Ahora, momento de honestidad ñoña.
La Novia es una película ambiciosa. Y cuando una película es ambiciosa, ocurren dos cosas posibles: o se convierte en obra maestra… o en un experimento medio loco.
Aquí pasa un poco de ambas.
La
estética es impresionante. El maquillaje de las criaturas parece salido
de una mezcla entre cómic gótico y teatro expresionista. Hay escenas
que recuerdan al cine mudo, otras que parecen sacadas de un musical
oscuro, y otras que directamente parecen una pesadilla filmada dentro de
una novela gráfica.
Pero el guion a veces se pierde en sus propias ideas. La película lanza temas sobre amor, creación, libertad y monstruosidad… y no siempre logra ordenarlos.
Aunque curiosamente ese caos también le da personalidad.
Veredicto ñoño
The Bride! no es un remake tradicional. No intenta ser otra película de monstruos tipo parque temático.
Es más bien un experimento pop con ADN de terror clásico.
Tiene un poco de Frankenstein, un poco de cine negro, un poco de musical extraño y bastante actitud punk.
¿Es perfecta? Para nada.
¿Es interesante? Muchísimo.
Porque al final, el cine de monstruos siempre ha funcionado así: el laboratorio se llena de cables, la máquina chisporrotea… y algo extraño cobra vida.
A veces el experimento sale mal.
A veces crea un clásico.
Y
otras veces —como en La Novia— crea algo raro, fascinante y muy digno
de conversación entre cinéfilos que todavía aman los viejos monstruos
del cine.